martes, 30 de septiembre de 2008

Psicología del desarrollo

Si nos preguntamos qué es el desarrollo humano, hallaremos una respuesta: es el estudio científico de cómo cambian las personas y como permanecen algunos aspectos con el correr del tiempo.
Asimismo conoceremos que dichos cambios pueden darse de dos maneras: unos de tipo cuantitativos: Variación en el número o la cantidad de algo, como la estatura y el peso y los otros, cualitativos: Se presentan en el carácter, la estructura o la organización, la naturaleza de la inteligencia de una persona, entre otros.
El transcurrir de la vida del hombre puede ser dividido en ocho períodos:la etapa pre natal, la etapa de los primeros pasos, la primera infancia, la infancia intermedia, la adolescencia, la edad adulta temprana, la edad adulta media y finalmente la edad adulta tardía.
Profundicemos cada una:
Etapa prenatal trancurre desde la concepción hasta el parto. Sus principales características son: la formación de órganos y estructura corporal básica, el crecimiento físico acelerado y la vulnerabilidad a las influencias ambientales
La segunda etapa denominada 'de los primeros pasos' se ubica desde el nacimiento a los 3 años.
Este período, a su vez, se divide en la etapa de recién nacido, desde el nacimiento hasta el mes de vida, y la etapa de lactancia, que va desde ese primer mes hasta el año.
En ella, el recién nacido es dependiente pero competente. Con predominio del crecimiento físico y el desarrollo de habilidades motoras rápidas. Se forman los lazos con los padres y con los demás
Durante el segundo año se desarrolla la autoestima, el habla y la comprensión. Se incrementa el interés en otros niños
Desde los 3 hasta los 6 años se ubica la etapa de la primera infancia. Se subdivide este período en dos: edad pre-escolar, de los 2 a los 6 años.
En ella comienza a relacionarse con otros niños, mejora la fuerza y las habilidades motrices fina y gruesa. Se incrementa el autocontrol, el cuidado propio y la independencia. La creatividad mejora y aparece la inventiva en los juegos y la imaginación. Permanece aún la inmadurez cognoscitiva que conduce a ideas "ilógicas" acerca del mundo y el comportamiento egocéntrico (centrado en sí mismo)
La cuarta etapa, denominda Infancia intermedia transcurre desde los 6 hasta los 12 años. Aquí, los compañeros cobran gran importancia. El niño/a comienza a pensar lógicamente, aunque el pesamiento es concreto. Disminuye el egocentrismo, más se incrementa la memoria y el lenguaje. Asimismo, mejora la habilidad cognoscitiva, el desarrollo del autoconcepto y de la autoestima.
Disminuye la rapidez del crecimiento físico pero mejora la fuerza y la capacidad atlética.
En la etapa de la adolescencia - de los 12 a los 20 años, se producen los cambios físicos rápidos y profundos, se inicia la madurez reproductora y la búsqueda y consolidación de la identidad.
El grupo de iguales ayuda a desarrollar y probar el autocontrol. El pensamiento abstracto, se desarrolla junto al empleo del razonamiento científico.
En algunos comportamientos se presenta aún el egocentrismo.
En términos generales, las relaciones con los padres son buenas. ( 1 )
La edad adulta está dividida en tres etapas. La etapa adulta temprana, desde los 20 hasta los 40 años. En ella se toman decisiones acerca de las relaciones íntimas. Muchas personas se casan y tienen hijos.
La salud física llega al tope, luego decae ligeramente, continúa desarrollándose el sentido de la identidad y la capacidad intelectual más compleja. Se elige la vocación. ( 2 )
La edad adulta intermedia, desde los 40 a los 65 años está caracterizada por una nueva búsqueda del sentido de la vida.
Desde el aspecto físico, puede presentarse un leve deterioro de la salud , el vigor y la fuerza . Sobreviene la menopausia en las mujeres y la andropausa en los varones.
La sabiduría y la habilidad para resolver problemas prácticos son grandes;
más, declina la habilidad para resolver problemas nuevos.
Los sujetos presentan una doble responsabilidad, por un lado el cuidado de los hijos y por otro, a los padres ancianos.
La orientación del tiempo cambia a "tiempo dejado de vivir".
Llegado un tiempo intermedio en esta etapa se habla de 'independencia de los hijos' y sindrome del 'nido vacío'.
Las mujeres adquieren más confianza en sí mismas mientras que los hombre se vuelven más expresivos.
Algunos experimenta el éxito en sus carreras y llegan a la cima económica; otros sufren de agotamiento
En una minoría se produce la crisis de la edad madura ( 3 )
Finalmente, la Edad adulta tardía a partir de los 65 años en adelante.
La mayoría de las personas aún están saludables y activas, aunque de algún modo la salud y las habilidades físicas decaen. La mayoría de las personas mantienen la mente despierta y pueden presentar lentitud de reacción que afecta muchos aspectos del funcionamiento
Surge la necesidad de afrontar pérdidas en muchas áreas (pérdida de las propias facultades, pérdida de los seres amados).
La jubilación deja más tiempo libre, pero reduce los recursos económicos
Ante la inminencia de la muerte, se siente la necesidad de encontrarle su propósito a la vida. ( 4 )
Se sugiere navegar las páginas:
http://www.slideshare.net/wenceslao/etapas-del-desarrollo-humano/
http://www.slideshare.net/simple/el-desarrollo-humano/
http://www.slideshare.net/anaccapote/el-cuerpo-humano-%20traslcido?src=related_normal&rel=38829
http://www.slideshare.net/guestdfbde3/inteligencia-y-desarrollo-humano/
http://www.slideshare.net/orengomoises/inteligencia-243354/
http://www.apsique.com/libro/psicologia_desarrollo
( 1 ) http://www.apsique.com/wiki/DesaPrepubertad
( 2 ) http://www.apsique.com/wiki/DesaJoven
( 3 ) http://www.apsique.com/wiki/DesaMadurez
( 4 ) http://www.apsique.com/libro/psicologia_desarrollo/adultez_mayor

martes, 23 de septiembre de 2008

Visiten estas páginas, son muy interesantes

Les recomiendo navegarlas:

http://www.slideshare.net/guest2ac409/desarrollo-social?src=related_normal&rel=99358

http://www.slideshare.net/marcel_galarza/habilidades-del-pensamiento?src=related_normal&rel=79620

http://www.slideshare.net/rotten/yo-educador-ejercicio-simon


jueves, 7 de agosto de 2008

Una óptica real del envejecimiento actual

En los próximos diez años una mayor proporción de la población se considerará "vieja" debido al envejecimiento general de la población mundial. Gran parte de estas personas mayores serán mujeres porque tienen una expectativa de vida mayor. Si bien las mujeres viven más que los hombres, su morbilidad es mayor y tienen menos acceso a la atención de salud. Por lo tanto, durante las próximas décadas, las necesidades de salud de las mujeres mayores tendrán cada vez más importancia.

La definición de "viejo" varía entre los países y las sociedades. Esta palabra casi siempre tiene connotaciones negativas, relacionándola con otros términos tales como discapacidad o demencia. Se cree comúnmente sostenida que las personas mayores deben ser cuidadas, y sus opiniones no se toman en cuenta en la formulación de políticas de salud. Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres mayores, donde la combinación de género y edad puede tener efectos perjudiciales en su calidad de vida. La percepción del envejecimiento como el deterioro mental y físico es muy común tanto entre los profesionales de cómo entre el público en general. En realidad el envejecimiento es un proceso complejo que requiere de estudios que profundicen en el tema y aporten respuestas. En general, una persona es considerada "mayor" cuando alcanza la edad de 60-65 años, independientemente de su historia clínica y situación particular.[1]

El envejecimiento no se define únicamente por el paso inexorable de los años. De hecho, hoy nadie parece negar que la vejez sea la antítesis de los ideales modernos. Vivimos una etapa de gran diferenciación intergeneracional que origina discriminaciones sociales y culturales de las personas mayores[…] Hoy, desafortunadamente, el envejecimiento se percibe más como una carga que como una conquista social

Existen también estereotipos de la vejez, alimentados por representaciones sociales, que la asocian a enfermedad, decadencia, deterioro, pasividad y falta de horizonte vital, con la consiguiente distorsión del modo en que percibimos a las personas mayores. [2]

La concepción de la imagen de la vejez, varía también en dependencia de quien la observe, según sea un niño, un adolescente, un adulto o un anciano. […]En la medida que las personas actúen acorde a esos principios, será la imagen que conformarán sobre ellas los demás individuos que las rodean, los miembros de su grupo: familia, barrio, trabajo, escuela. Los adolescentes, más radicales en sus conceptos; y los adultos, más comprensivos en la problemática que afrontan los ancianos. Todos encuentran provechoso el acercamiento generacional sobre la base de los consejos y experiencias que pueden recibir de quienes poseen mayor edad, pero se evidencian contradicciones, fundamentalmente entre ancianos y jóvenes.

Las características positivas, reconocidas por la juventud a la vejez, son "la sabiduría" y la "posibilidad de consultarlos como consejeros expertos", mientras que en las negativas resaltan la "incomprensión de los jóvenes por los ancianos", quienes se "inmiscuyen demasiado en sus vidas".

Una persona al envejecer suele basar su propia imagen en éxitos anteriores, como la belleza, el poder, el vigor físico o sexual, y los contrarresta con el presente de pérdidas, según que no son a veces reales, pues siempre existe un caudal de posibilidades interiores no reconocidas totalmente, ni por el anciano, ni por las demás generaciones.

[…] los especialistas del envejecimiento, consideran que la imagen y actitudes negativas hacia el anciano constituyen factores de alto riesgo psicológico-social

En el proceso de envejecimiento es básico superar lo físico, adaptarse al deterioro biológico, a las canas, a las arrugas, a los cambios y entonces, a partir de allí, fomentar el desarrollo social y espiritual con la experiencia acumulada. En este concepto vital se valoran mejor las satisfacciones de un trabajo determinado, de la formación de una familia y de la actividad social. La vejez tiene entonces su verdadero sentido como etapa de la vida donde se encaran pérdidas importantes, pero en la que se puede disfrutar y continuar creciendo como seres humanos. [3]

Con la senectud se supone que un grupo de personas pase de la autonomía a depender de los demás, [4]a lo que se le agrega la pérdida de relaciones que estos han tenido durante años, tales como el trabajo, y sobre todo, los hijos, quienes pueden valerse por sí mismos y no necesitan de la ayuda de los padres, lo que provoca que estos tiendan a sentirse menos valiosos e inútiles, lo que hace que [5]la sociedad vea la desocupación en el anciano como un hecho normal. [6]

Afortunadamente, hoy día resulta evidente, a la luz de los datos científicos disponibles, la nueva concepción de la adultez y la vejez, que elude la ya comentada fase de declive del mayor en base a una etapa llena de posibilidades y actividades nuevas y supone que los cambios en el desarrollo se producen de forma gradual, predecible y ordenada. El desarrollo no se limita a los cambios biológicos, sino que está sujeto a cambios sociales, culturales e históricos, así como a las experiencias individuales.

Afirmando, en términos generales, que el envejecimiento es un proceso gradual, en el que se produce una evolución lenta de las transformaciones físicas y psicológicas que nos hacen estar más o menos satisfechos con nuestra trayectoria vital. Aunque existen algunas pérdidas, más claras a nivel sensorial, en términos generales se observa una relativa estabilidad en las funciones cognitivas y sociales, incluso algunas habilidades parecen mejorar con la edad, como por ejemplo el lenguaje, nos queda plantear como enfoca y ve la vejez la satisfacción por la vida, sentimiento que no llega de ahora para horita simplemente se cree que es un contrato a través de los años y que solo aflora ya en las etapas de declive de la vida.

Texto completo en Una óptica real del envejecimiento actual http://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/1200/2/Una-optica-real-del-envejecimiento-actual



[1] Bonita R. Women, Aging and Health: Achieving Health across the Lifespan. Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 1998.

[2] Bazo MT. Negligencia y malos tratos a las personas mayores en España. Rev Española Geriatr Gerontol. 2001;36(1):8-14.

[3] Polo Viamontes M, Espín AM. Nueva imagen de la vejez. [monografía en Internet]. La Habana. INFOMED; 2006. [citado 23 de abril 2008]. Disponible en: http://saludparalavida.sld.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=194

[4] Michel JP, Kressig R, Gold G. Dependency: possible risk or inevitable outcome? Schweiz Med Wochenschr. 1997;25(127):1796-801.

[5] Bayarre HD. Prevalencia y factores de riesgo de discapacidad en ancianos. Ciudad de La Habana y Las Tunas. 2000. [tesis]. Ciudad de La Habana: Universidad de la Habana; 2003.

[6] Bayarre HD. Prevalencia y Factores de Riesgo de Discapacidad en el Anciano. Municipio Playa. [tesis]. La Habana: Facultad de Salud Pública; 1998.

EL" DEVENIR SUBJETIVO Y EL ENVEJECIMIENTO"

Punto de partida.

Considerar la vejez como un "momento" en la constitución y construcción subjetiva, "último acto" de la vida humana, así señalado desde Cicerón. Entendemos "acto" en sentido psicoanalítico, al hecho que una vez producido permite al sujeto transformarse retroactiva mente (a-posteriori) que requiere y posibilita el trabajo de simbolización. “El acto inaugura siempre un corte estructurante que permite a un sujeto reencontrarse, en el apres-coup, radicalmente transformado, distinto del que había sido antes de ese acto”1 Acontecimiento a reconocer y significar: reconocer el envejecimiento que sorprende al sujeto al descubrir su transformación.

Cambios que aluden a un tiempo, "momento" en tanto "fracción que se singulariza por algo"2, por lo tanto corte, escansión. Tiempo que el viejo significa como tiempo acotado, ya no todo el tiempo, sino el de ahora y un futuro cercano.

Encrucijada:

Hemos entrecruzado tiempo, cambios, corte, habremos de preguntarnos por la estructura psíquica. Cómo resuelve el sujeto esta encrucijada que le presenta el devenir. Crisis, problema, cuestionamiento, interrogación frente al saber del ser que se ha vuelto imprecisa. -"¿eso (que veo allí), soy yo?" nos dice Elba (85) al descubrir su imagen reflejada en una vidriera. Expresión que da cuenta de la tensión entre la representación imaginaria del yo y esa percepción3 que le muestra una faceta de si, que se le escapa

Primer momento "umheimlich", siniestro y traumatizante, de descubrimiento de la realidad, entrada en el trabajo de simbolización, de hacer sentido a los cambios. Crisis que presentifica la castración (finitud), -"entonces era cierto, me puse viejo, pero "aún así", opera la desmentida, -" está viejo mi cuerpo, pero yo," grita todavía, como China Zorrilla en la película "Un beso en la frente", -mi cuerpo ,dicen, tiene ochenta años, pero yo, yo siento como de quince", otras veces acata la realidad habiendo elaborado la pérdida,-, "en el tiempo que me queda tengo cosas que trasmitir, debo decirle a mi nieta "cuales son las cosas importantes de la vida y le enseñaré cómo se hacen los braunis, para que no se pierda la receta que me dio mi madre.- Sabe usted, que hasta ayer, ni loca hubiera contado este secreto. Es una cuestión de familia" Betty 78 años.

Texto completo en Ponencia: "Transformaciones psíquicas en el envejecer: encrucijada entre

permanencias y cambios".

Autora: Psic. Graciela M. Petriz

III FORO NACIONAL DE DOCENTES E INVESTIGADORES UNIVERSITARIOS SOBRE ENVEJECIMIENTO Y VEJEZ

II JORNADAS NACIONALES “LA VEJEZ, ABORDAJE INTERDISCIPLINARIO “

6 y 7 de Agosto de 2004.

www.fimte.fac.org.ar/doc/10petriz/10petriz03.doc



1 Chamama R: Diccionario del psicoanálisis. Amorrortu Editores. Bs. As Argentina 2002

2 Diccionario de la Real Academia Española T I XXI Reedición Espasacalpe Madrid 1992.

3 Fantasma construcción que da cuenta del modo particular en que cada sujeto significa su vejez en relación con el grupo al que pertenece.

lunes, 4 de agosto de 2008

Una educación para formar “sujetos éticos”



En una entrevista con la RIE, el intelectual francés Jean-Claude Filloux –figura destacada en el campo de las Ciencias de la Educación– desarrolla su propuesta de educar para la ética; afirma que es necesaria una formación clínica de los docentes y resalta el aporte que puede brindar el Psicoanálisis para enfrentar el problema de la violencia en las aulas.

Texto completo de la entrevista en http://www.rieoei.org/jano/2666Filloux.pdf


jueves, 24 de julio de 2008

Imperdible

Recomiendo este excelente corto de animación checa de Michaela Pavlátová que se desarrolla en un café donde diferentes personajes interactúan. Exitosa reflexión de las relaciones humanas.
http://es.youtube.com/watch?v=euRP_8w5rzc&feature=related

martes, 22 de julio de 2008

Piaget y Vigotsky en el análisis de la relación entre educación y desarrollo

La explicación del proceso de formación de la personalidad y de las relaciones y significación de lo biológico y lo social constituye uno de los grandes dilemas de la Psicología y la Pedagogía.

Una de las posiciones de mayor implicación es la de Piaget, representante de la escuela sociogenética. L. Vigotsky señaló: ' La Psicología le debe aportes muy importantes a Piaget [...] su obra revolucionó el estudio del pensamiento y el lenguaje infantil'

Texto completo en

http://www.rieoei.org/deloslectores/1616Tellez.pdf



Identidad y cultura de los adolescentes y jóvenes

La adolescencia y la juventud son construcciones sociales. En otras palabras, son «clases de edad» que, si bien tienen una base material biológica, sobre la misma se elaboran diversas representaciones relativamente arbitrarias e históricas. En realidad, lo que «existe» con una existencia casi igual a la de los objetos físicos es un continuo de edad. Es la sociedad la que produce determinados «cortes» y «rupturas» en el flujo del tiempo. Sabemos que existen niños y adolescentes, adolescentes y jóvenes, pero esas fronteras que marcan los límites no tienen una señalización material u objetiva. Los límites sociales son siempre «arbitrarios y conjeturales» (como decía J.L. Borges), y muchas veces imprecisos. Pero en ciertos casos, es necesario reducir esa imprecisión fijando límites estrictos, homogéneos y fáciles de identificar. Éste es el tipo de límite que se expresa en la ley y los dispositivos normativos. La «mayoría de edad», por ejemplo, está claramente establecida en los códigos y en las leyes de todas las sociedades. No son límites definitivos, pueden variar. Pero sí son límites precisos. La incorporación al sistema educativo formal no es arbitraria. Se ingresa a la escuela a una edad legal bien determinada.

Pero cuando se trata de la adolescencia y la juventud, sólo sabemos que existen, pero no estamos en condiciones de decir cuándo empiezan y dónde terminan estas etapas de la vida. No todos los que tienen la misma edad participan de la misma «clase de edad», ya que no todos los coetáneos comparten las mismas características y experiencias vitales (formar pareja, trabajar, alcanzar la autonomía económica, estudiar, etc.). Por otra parte, la propia experiencia escolar contribuyó a la creación de la juventud como una construcción social; es decir, como un tiempo de vida colocado entre la infancia y la condición de adulto, un tiempo de preparación y de espera. Por eso, puede decirse que no siempre existió «juventud» y «adolescencia». La posición en la estructura de distribución de bienes materiales y simbólicos de la sociedad está determinando diversas formas de vivir la experiencia joven o adolescente; por lo tanto, no es un estado por el que necesariamente pasan todos los individuos en una sociedad determinada. En muchos casos, hasta la propia experiencia de la infancia es un «privilegio» que se niega a muchos niños y niñas que viven en condiciones de pobreza extrema, tanto en el campo como en las grandes ciudades del continente.

Pero aquí, más que el debate teórico, por demás rico e interesante, nos interesa saber cuáles son las características distintivas de los adolescentes y jóvenes respecto de los niños en cuanto objeto de clasificación escolar. La vieja escuela primaria fue pensada y diseñada para los niños; y la escuela media, pese a sus esfuerzos de adaptación, tiende a reproducir los mecanismos y estilos propios de la educación infantil. En otras palabras, en muchos casos, tiende a tratar a los adolescentes como si fueran niños. Éste es un factor que no pocas veces contribuye a explicar el malestar y el fracaso escolar en la enseñanza media.

Según Dubet y Martuccelli (1998), más allá de las significativas determinaciones de género, clase social, etnia, hábitat, etc., un estudiante del colegio secundario es diferente de un alumno de la escuela primaria. Al menos pueden señalarse las siguientes particularidades observadas en Francia, pero que, en cierta medida, son válidas en el contexto escolar urbano de América Latina.

a. Diversidad de las «esferas de justicia». Mientras el mundo de la infancia y la escuela está organizado alrededor de una gran «unidad normativa» que rige tanto en el ámbito escolar, como en la familia, el mundo del «colegial» está regido por la percepción de que existen diversos ámbitos de justicia. Una regla se aplica en el recreo, otra entre los amigos, otra en el colegio, otra distinta en el ámbito familiar. Mientras que el niño mimado en la familia espera el mismo trato en la escuela, el adolescente percibe que existen distintos espacios de juego con distintas reglas. Un ejemplo, los resultados escolares diferentes no deben engendrar tratamientos diferentes. Mientras que en la primaria, los que son buenos en conducta, también tienden a ser premiados en términos de notas y sanciones escolares, esta práctica se torna injusta en el colegio. En este ámbito, las clasificaciones escolares (calificaciones) tienden a diferenciarse de las calificaciones en el comportamiento (conducta).

b. Principio de reciprocidad. Mientras que en la escuela, el niño tiende a representarse a la autoridad y al maestro como algo natural e indiscutido, el adolescente percibe que las instituciones (el colegio, pero también la familia) constituyen mundos complejos donde existen una diversidad de actores con intereses y «capacidades» diferentes. La «omnipotencia» del maestro tiende a ser sustituida por la visión más compleja y política de las relaciones y el juego (las alianzas, las estrategias, el uso del tiempo, etc.). El principio de reciprocidad quiere decir que la relación profesor–alumno no es unidireccional (el profesor tiene todo el poder y hace lo que quiere, mientras que el alumno sólo tiene que obedecer). El adolescente tiende a considerar que el respeto, por ejemplo, debe ser una actitud recíproca y no sólo una obligación de él hacia sus profesores.

c. La emergencia de estrategias escolares. El niño en la escuela percibe que sólo basta ser aplicado y obedecer las reglas y a sus superiores (los padres y los maestros), para tener éxito en la escuela. En cambio, en el colegio, los adolescentes perciben que «ser estudiante» es algo más complejo que seguir ciertos automatismos. Por el contrario, el adolescente percibe que para tener éxito es preciso desplegar una estrategia; es decir, que se requiere hacer uso del cálculo, definir objetivos, elegir medios adecuados para los mismos, desplegar la acción en el eje del tiempo, saber esperar, etc., etc.

d. Desarrollo de una subjetividad no escolar. Mientras los niños en las escuelas viven en «continuidad relativa» su estatuto de niño y su estatuto de alumno, los adolescentes en el colegio viven la experiencia de una tensión entre el estudiante y el adolescente. «Con la adolescencia –escriben Dubet y Martuccelli– se forma un ‘sí mismo no escolar’, una subjetividad y una vida colectiva independientes de la escuela, que ‘afectan’ a la vida escolar misma». Veremos más adelante que no todos los adolescentes logran articular en forma satisfactoria estos dos espacios de vida.

Más allá de estas particularidades genéricas, los adolescentes y jóvenes son portadores de una cultura social hecha de conocimientos, valores, actitudes, predisposiciones que no coinciden necesariamente con la cultura escolar y, en especial, con el currículo o programa que la institución se propone desarrollar.

Hubo un tiempo en que el mundo de la vida cotidiana se mantenía «afuera» y «alejado» de la cultura escolar. Los saberes legítimos, esos que la escuela pretende incorporar en los alumnos son saberes «consolidados» y, en cierto modo, «alejados» de la cotidianidad y la contemporaneidad. Esta distancia tenía una razón de ser en el momento constitutivo de la escuela y el Estado modernos. La escuela tenía una misión civilizatoria, tenía una función de reeducación (como se decía en la época). En muchos casos la distancia entre la cultura espontáneamente incorporada por los niños y la cultura que se quería inculcar era extrema. Por eso la escuela tuvo una función misionera. La primera pedagogía era una tecnología de conversión, de allí la densidad, variedad e integralidad de sus tecnologías (al límite, el ideal era la pedagogía del internado).

Hoy resulta imposible separar el mundo de la vida del mundo de la escuela. Los adolescentes traen consigo su lenguaje y su cultura. La escuela ha perdido el monopolio de la inculcación de significaciones y éstas, a su vez, tienden a la diversificación y a la fragmentación. Sin embargo, en demasiadas ocasiones, las instituciones escolares tienden al solipsismo y a negar la existencia de otros lenguajes y saberes, y otros modos de apropiación distintos de aquellos consagrados en los programas y las disposiciones escolares.

Mientras que el programa escolar tiene todavía las huellas del momento fundacional (homogeneidad, sistematicidad, continuidad, coherencia, orden y secuencia únicos, etc.), las nuevas generaciones son portadoras de culturas diversas, fragmentadas, abiertas, flexibles, móviles, inestables, etc. La experiencia escolar se convierte a menudo en una frontera donde se encuentra y enfrentan diversos universos culturales. Esta oposición estructural es fuente de conflicto y desorden, fenómenos que terminan a veces por neutralizar cualquier efecto de la institución escolar sobre la conformación de la subjetividad de los adolescentes y los jóvenes (Jaim Etcheverry, 1999). Es preciso señalar que la contradicción y el conflicto entre cultura escolar y cultura social es tanto más probable en el caso de los jóvenes de las clases sociales económica y culturalmente dominadas.

En estas condiciones, es probable que surjan tensiones entre la integración de los adolescentes a su «grupo de iguales» y su integración a las normas escolares. Cuando la distancia entre la cultura social incorporada por los muchachos y la cultura escolar-curricular es grande, el conflicto es un fenómeno muy probable en la experiencia escolar. Desde la clásica investigación de J.S. Coleman (1961), se conoce la oposición entre la subcultura adolescente y las normas escolares que, en muchos casos, lleva a preferir la primera a la segunda. El conflicto y el predominio de la «atracción y el prestigio» en el grupo de pares sobre el prestigio y los premios propios de la actividad escolar no es más que una de las situaciones probables. La armonización y «negociación» entre ambos universos culturales, dadas ciertas condiciones sociales e institucionales es también un desenlace probable de esta tensión estructural. Las manifestaciones de este tipo de conflicto son bien conocidas y adquieren formas particulares en cada contexto nacional. En Francia, es común que los muchachos y las chicas del colegio tengan que optar entre dos figuras típicas: la del «bufón» y la del «payaso». Mientras que la primera figura representa el tipo ideal del alumno que opta por cumplir con las reglas de la escuela, la segunda se aplica a quienes las desafían y prefieren ser los «primeros en el grupo» (los más valorados, reconocidos, populares, etc.), a costa de ser «los últimos» en la lista de méritos específicamente escolares (calificaciones, conducta, etc.). Los hijos de los grupos subordinados, en muchos casos, optan por esta estrategia, en la medida en que les resulta más difícil competir con éxito en el juego escolar.

El campo donde se juega la construcción de la subjetividad está dominado por tres actores básicos: la familia, los medios de producción y difusión de sentido, y las instituciones escolares. Pero la familia ha perdido fuerza y capacidad de estructurar las personalidades de las nuevas generaciones. La familia que la escuela todavía espera y quiere no es la familia de las nuevas generaciones actuales. La incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la modificación del equilibrio de poder entre los sexos y la división del trabajo en la familia, su desinstitucionalización y la cuestión social contemporánea han modificado profundamente el papel de la familia como constructora de subjetividad.

No existe un currículo social (es decir, familiar, mediático y escolar), único y coherente; y la escuela no tiene más remedio que prestar atención al hecho de que no posee una posición monopólica en este campo tan complejo (si es que alguna vez la tuvo). La simple toma de conciencia de esta complejidad contribuiría a redefinir y redimensionar en forma crítica y creativa el margen de maniobra y la eficacia propia de las instituciones escolares en la formación de las nuevas generaciones.

Artículo completo en:

Culturas juveniles y cultura escolar Emilio Tenti Fanfani

Trabajo autorizado por el IIPE/UNESCO, Sede Regional Buenos Aires.

http://www.educared.org.ar/biblioteca/coordenadas/index.php?q=node/197

Para una construcción teórica de las «clases de edad» consultar Urresti (M.). Cambio de escenarios sociales. Experiencia juvenil urbana y escuela en: Tenti Fanfani (E.) (comp.). Una escuela para los adolescentes. Losada, Buenos Aires 2000.

Coleman J.S. (1961). The adolescent society. Nueva York: The Free Press.

miércoles, 2 de julio de 2008

La juventud es sinfónica, o polifonía juvenil

'La temática vinculada con la juventud, al decir de Margulis, ha sido siempre compleja e inquietante. Se erige en vanguardia portadora de transformaciones, notorias o imperceptibles, en los códigos de la cultura, e incorpora con naturalidad los cambios en las costumbres y en las significaciones que fueron objeto de luchas en la generación anterior; su sensibilidad, sistema perceptivo, visión de las cosas, atitud hacia el mundo, sentido estético, concepción del tiempo, valores, velocidades y ritmos nos indican que está habitando con comodidad un mundo que nos va dejando atrás.'

[Transcibo a continuación la tesis: “Diversidad socio-cultural: exigencia de los nuevos escenarios sociales e institucionales, desafío para la formación docente de grado. Estudio de caso en el I.S.F.D. Nº 41 del partido de Almirante Brown”) de la Lic Cristina Rafaela Ricci por considerarla un texto imperdible].


“El mito de la juventud homogénea consiste en

identificar a todos los jóvenes con algunos de ellos”

Cecilia Braslavsky

“(...) en América latina, a diferencia de Europa donde seria más amplia,

la “juventud” está casi reservada para los

sectores medios y altos,

que pueden acceder a la educación superior y

la moratoria en toda la plenitud del término”

Silvia Sigal

Pensar, hablar, escribir acerca de la juventud, del joven en sí mismo encierra ya la disyuntiva: ¿en singular o en plural? ¿El joven o los jóvenes? Cuando hablamos de joven- jóvenes, juventud- juventudes ¿de quién- quiénes hablamos, dónde y cuándo? ¿Hay distintas maneras de ser joven? La juventud, ¿se refiere sólo a un estado –edad o etapa de la vida- o también puede ser considerada como un producto? Además de la dimensión material –aspecto físico- podemos considera otras dimensiones, tales como la simbólica?

En todo caso, la juventud se nos presenta como un lugar o un espacio (¿categoría, concepto, realidad, etapa?) de la ambigüedad y de la imprecisión o indeterminación, un lugar poblado de sujetos múltiples y de múltiples sentidos que van cambiando de rostros, vestidos, códigos, música, tiempos “según pasan los años...”

Considerar, entonces, a la juventud- juventudes como un concepto polisémico y epocal que se va configurando como una construcción sociohistórica y sociocultural con artistas sociopolíticas y económicas es, considero, un buen “pentagrama” sobre el cual escribir este intento de “sinfonía” o “polifonía” sobre la juventud- juventudes, sinfonía que quedará “inconclusa” ya que siempre estará atravesada por “variaciones” sociales, históricas, culturales, estéticas, simbólicas, políticas, entre otras.

En este ensayo abordaré “la juventud” o “las juventudes” como una categoría con un sentido socialmente construido, es decir, como un producto en el que se imbrican condiciones no solo vitales –biológicas- sino también contextuales. El objetivo de este trabajo será describir sincrónicamente la categoría juventud y los sentidos que asume para los sujetos involucrados.

Do, re...

Lo primero que tenemos que hacer es describir el “pentagrama” sobre el cual se escribe esta sinfonía, es decir, el escenario sociopolítico, para luego escribir las dos primeras “notas” que tenemos que combinar, es decir, las etapas y dimensiones que, en general, se consideran al hablar de juventud

Esteban Rodríguez, siguiendo a Auyero y a Löic Wacquant, plante algunas propiedades centrales de lo que se ha dado en llamar el “nuevo régimen de marginalidad urbana”. Éstas propiedades son:

a) hiperdesempleo: carácter estructural del desempleo, el que tiene una larga duración que se va acumulando por generaciones entre los sectores menos calificados y educados, entre cuyos efectos se encuentra el deterioro de las condiciones de trabajo y el empeoramiento de las garantías contractuales para la fuerza de trabajo.

b) Precarización laboral: supone 1. baja remuneración sin cobertura social, sindical y estatal, 2. baja cualificación (o trabajos infracalificados, 3. inestabilidad o alta rotación de las actividades.

c) Desindicalización: supone al mismo tiempo: deterioro de las representaciones sociales, de los espacios de socialización política de los sectores populares e incapacidad de los Sindicatos para agregar los intereses de los trabajadores empleados en condiciones flexibles o en negro o que se desengancharon.

d) Desproletarización: deterioro de la cultura del trabajo o la corrosión de carácter y la pérdida de pertenencias o menoscabo de las identidades populares construidas alrededor de la fábrica y el sindicato.

e) Desmantelamiento del Estado Social: es la retirada del Estado de semibienestar/populista en su función social universal. Esta retirada asume dos formas concretas: 1. Desinversión social: el Estado se descompromete de las relaciones laborales (flexibilización y desregulación laboral) y reemplaza las políticas públicas universales (planificadas, univesales y de oficio) por prácticas políticas (discrisionales, focalizadas y a requerimiento de parte) y, 2. Debilitamiento de los mecanismos de integración moral- nacional tradicionales: incapacidad del sistema educativo ara generar lazo social, para ofrecer y garantizar una identidad nacional, para aportar sentido a la vida cotidiana. El desmantelamiento del Estado como metainstitución dadora de sentido se verifica en la ruptura de las trayectorias escolares (fracaso escolar, resilencia, etc.)

f) Desciudadanización: el deterioro y la pérdida de derechos de la persona en tanto ciudadano. Los obres no tienen derechos, tienen necesidades, no son ciudadanos sino necesitados, es decir, eventualmente, beneficiarios.

g) Afasia cívica: la incapacitación jurídica o la carencia de referencias jurídicas para hacer valer sus derechos o hacer frente a las situaciones problemáticas que afrontan cotidianamente. Es decir, la imposibilidad para actualizar los estándares jurídicos de derechos humanos económicos, políticos, sociales y culturales que prevén distintos pactos internacionales, Proceso que en la Argentina se reconoce como “criminalización de la protesta”. Imposibilidad para expresarse (pérdida de la palabra) como la imposibilidad para ejercer el derecho a la protesta, el “derecho a tener derechos”.

Este escenario sociopolítico lo podemos sintetizar, en términos de Rodríguez, como el paso del Estado de Bienestar al Estado de Malestar: “El estado ya no está para gestionar la vida cuanto para administrar la muerte, es decir, la vida que no vale. De manera que el Estado seguirá interviniendo pero esta vez para evitar la irrupción, es decir, para garantizar la exclusión”

Para concluir esta descripción citamos este párrafo de Rodríguez, quien retomando a Ignacio Lewkowicz considera que “la crisis del Estado es la expresión de una transformación sustancial. El pasaje del fordismo al posfordismo, lo que Lewkowicz llama el tránsito de la era de la solide a al fluidez, es el pasaje también del Estado al Mercado y, en cuanto al Estado se refiere, el pasaje del Estado- Nación al Estado- Gestión o Estado Técnico Administrativo”, donde los sujetos dejan de ser ciudadanos para convertirse en consumidores, donde la mayoría deja de ser trabajador -entre otras categorías- para convertirse en excluido.

Mientras que Silvia Duschatzky y Cristina Corea se preguntan ¿cómo habitan los jóvenes situaciones de exclusión social?, aquí nos preguntamos ¿qué es ser joven en este escenario?

La categoría juventud, como agrupamiento diferenciado como parte de la sociedad es nueva, y surge como producto de la modernidad y es caracterizada, en líneas generales, por tres etapas: 1. juventud como moratoria social, 2. juventud como moratoria vital, 3. juventud como moratoria mortal.

A su vez podemos considerar distintos enfoques o dimensiones para definir la juventud: 1. definición biológica, 2. definición cultural, 3.definición generacional, 4. definición ética o situacional, 5. definición vitalista o energética, 6. definición histórica o social.

Rossana Reguillo Cruz, por su parte, considera que “los jóvenes en tanto en tanto categoría social construida no tienen una existencia autónoma, es decir al margen del resto socia, se encuentran inmersos en la red de relaciones y de interacciones sociales múltiples y complejas”, y que éstos “ (...) han adquirido visibilidad social como actores diferenciados

a) a través de su paso, por afirmación o negatividad, por las instituciones de socialización,

b) por el conjunto de políticas y normas jurídicas que definen su estatuto ciudadano para protegerlo y castigarlo,

c) por la frecuentación, consumo y acceso a un cierto tipo de bienes simbólicos y productos culturales específicos”

Mi, fa, sol, la, si...

“Ser joven (...) no depende sólo de la edad como característica biológica

como condición del cuerpo.

Tampoco depende solamente del sector social a que se pertenece,

Con la consiguiente posibilidad de

Acceder de manera diferencial a una moratoria,

A una condición de privilegio.

Hay que considerar también el hecho generacional:

La circunstancia cultural que emana de ser socializado con códigos

Diferentes, de incorporar nuevos modos de percibir y de apreciar,

De ser competente en nuevos hábitos y destrezas...”

“(...) la juventud no es sólo un signo ni se reduce a los atributos “juveniles”

de una clase. Presenta diferentes modalidades

según la incidencia de una serie de variables.

Las modalidades sociales del ser joven dependen

de la edad, la generación, el crédito vital, la clase social, el marco institucional y el género.

No se manifiestan de la misma manera si se es de clase popular o no,

Lo que implica que los recursos que brinda la moratoria social

No están distribuidos de manera simétrica entre los

Diversos sectores sociales”

“La cultura juvenil se convirtió en la matriz de la revolución cultural

en el sentido más amplio de una revolución en el comportamiento y las

costumbres, en el modo de disponer del ocio y en las artes comerciales, que

pasaron a configurar cada vez más el ambiente que respiran los hombres

y las mujeres urbanos.”

La descripción sincrónica de la categoría juventud y los sentidos que asume para los sujetos involucrados en contextos urbanos la realizaré tomando cinco ámbitos o lugares de expresión juvenil, el trabajo, la escuela, el barrio, la música y la política, tratando de caracterizar qué es ser joven en esos ámbitos.

“mi”, el trabajo

“(...) siempre trabajando, en lo que fuere, era un poco

la pantalla de todo.

Sí, había que trabajar, para no tener problemas con la policía.

Era fácil. Era bajarse del colectivo, dejar el guardapolvo adentro del bolso,

Dejr el bolso en algún lugar,

Cazar los fierros, y salir y hacer el laburo.

Era una cosa... un trabajo” Germán

“Necesitás guita sí o sí,

salís a buscar;

si conseguís trabajás,

si no salís a robar” Hernán

Describir el ser joven en ciertos contexto urbanos nos leva a considerar la relación trabajo- delito, donde ambas acciones, según lo planea Gabriel Kessler, se condensan “en una única intención, dejando entrevén que la relación entre delito y trabajo es compleja, a pesar de la alta tasa de desempleo que afecta el perfil de los jóvenes.

En el caso de la Argentina el problema del trabajo se caracteriza por la inestabilidad y la precariedad laboral. Esto para los jóvenes no son problemas totalmente nuevos ya que en muchos casos, ya fueron experimentados por sus padres. Ahora bien, la inestabilidad laboral se naturaliza a medida que el trabajo estable se desdibuja de la experiencia transmitida por sus padres y por otros adultos de su entorno. Así, los jóvenes, “ven frente a ellos un horizonte de precariedad duradera en el que es imposible vislumbrar algún atisbo de carrera laboral”.

Ahora bien, “si la inestabilidad laboral impide imaginar alguna movilidad ascendente futura, en el presente lleva a que el trabajo se transforme en un recurso de obtención de ingresos más entre otros, como el robo, el pedido en la vía pública, el “apriete” y el “peaje”, entre los cuales se opta según la oportunidad y el momento, esto produce entonces una especie de alternancia entre ocupaciones muy informales y delitos.

Kessler plantea que la visión tradicional de trabajo y delito como mutuamente excluyentes debe ser vista ahora como el pasaje de la lógica del trabajador a la del proveedor: la diferencia fundamental entre una y otra está en la fuente de la legitimidad de los recursos. En la primera la legitimidad está en el origen del dinero, mientras que en la segunda reside en su utilización para satisfacer necesidades.

La mutación en los criterios de legitimidad de los ingresos no se debe sólo a la escasez de oportunidades laborales, sino también a las características mismas de esas ocupaciones, que ya no poseen muchos de los atributos tradicionales asociados al trabajo. Las ocupaciones a las que han accedido no constituyen la base de algún tipo de experiencia subjetiva (...) puestos inestables y precarios no pueden ser la base para la construcción identitaria individual y para la formación de un entramado de lazos entre pares”

Ser joven en el ámbito laboral es, entonces, instalarse en la precariedad.

“fa”, la escuela

“Empecé cuando tenía 16...no, 17, después dejé.

Después probé otro año más, fue el año pasado, y no.

Tampoco me gustó, me llevé cuatro materias y no las quise dar,

Y no fui más.

Dos veces había empezado antes y a mitad de año lo dejaba.

Me arrepentía a mitad de año.

Lo que pasa es que no entiendo nada.

No me gusta el colegio, por eso” Micaela

“La escuela me sirvió para aprender.

Porque yo cuando fui no sabia leer. Y ahora sé leer, bueno,

tampoco tan bien que digamos no,

pero me sirvió mucho.

Porque aprendí a dividir (...) y ahora sé mas o menos,

Porque mi hermana me va mostrando,

cuando trae la carpeta yo la miro, y ella me explica (...) porque ya me había olvidado de todo,

hace mucho que no voy y me había olvidado”

Duschatzky y Corea se preguntan, “¿En qué media el tránsito por la escuela deviene experiencia de construcción subjetiva? ¿En qué medida pasar por ella supone salir transformado? ¿Es la escuela en las nuevas condiciones de globalización y dilución del Estado-nación, un lugar capaz de marcar a los sujetos? ¿Cuáles son los rasgos de las nuevas subjetividades y qué diferencias guardan respecto de los sujetos formados por el aparto escolar en tiempos del Estado-nación?”

En general la escolarización de éstos jóvenes, al decir de Kessler, está “signada por un desempeño deficitario, a repitencia y, en muchos casos, una deserción posterior”; pero también se registra una “valoración genérica de la educación y la persistencia del ideal de escolarización también se registra en estos jóvenes.

Kessler considera que sin embargo, en muchos casos, los jóvenes perciben que en sus escuelas el peso está en la retención, donde “(...)el fracaso escolar no parece ser un conflicto: en principio, poco importaba repetir o desertar, no era ningún estigma o problema o, a lo sumo, advertían que, a pesar de su mal desempeño, los profesores trataban de hacerlos pasar de año”.

La escolaridad de estos jóvenes puede ser conceptualizada como una escolaridad de baja intensidad caracterizada por el “desenganche” de las actividades escolares, desenganche que presenta dos variantes: una “disciplinada” y otra, más conflictiva, el “desenganche indisciplinado”. El primero se caracteriza por una actitud ausente en la escuela, que consiste en no realizar ninguna actividad escolar pero tampoco generar problemas de convivencia, mientras que el segundo suma a la actitud anterior problemas disciplinarios graves.

Ser joven en el ámbito escolar es, entonces, instalarse en la deserción y el fracaso, es decir, en una escolaridad de baja intensidad, en un “no hacer nada”.

“sol”, el barrio

“Siempre nos juntábamos en las esquinas de la casa de alguien.

O en la esquina de la casa de nadie.

Siempre estábamos en una esquina,

para planear todo lo que íbamos a hacer.

A dónde íbamos a ir, qué lugar,

todo… siempre en una esquina”

El barrio aparece entre estos jóvenes como un espacio urbano delimitado tanto como la comunidad de personas que lo habitan. Kessler se pregunta ¿cómo caracterizar el rol integrador de los barrios populares en conurbano bonaerense? En los noventa este entramado societal se deshace, el barrio, en tanto territorio propio y lugar central de todas las actividades cotidianas de los jóvenes constituye un horizonte espacialmente acotado, desprovisto de instituciones y de todo espacio público común.

Esta marginalidad espacial en el propio barrio es la expresión topográfica de una marginalidad comunitaria que los mismos jóvenes han naturalizado.

El bardo se presenta como una manera de estar presente en el barrio, es la ruptura de las reglas de convivencia, es una manera de cobrar protagonismo, marca una presencia en el lugar y, a pesar de ser esporádico, sin duda construye un tipo de vínculo dado que obliga a alguna reacción por parte de los oros, aunque en muchos caso no haga mas que reforzar estrategias de evitamiento y distanciamiento forzado. Las relaciones de estos jóvenes con su entorno barrial están atravesadas por fuertes tensiones, que no se dejarían englobar en un juicio simplista e exclusión barrial sino en un complejo de múltiples negociaciones que van desde el distanciamiento hasta la obtención de beneficios compartidos.

Duschatzky y Corea planean que el barrio es para el joven el lugar de los ritos, de creencias, del “choreo”, el faneo, de la fraternidad.

Ser joven en el ámbito del barrio es, entonces, tener un lugar donde “hacer algo”, a diferencia de la escuela que es donde “no se hace nada”, “’hacer algo’, no importa qué, brinda la ilusión de romper con la inercia cotidiana, de adueñarse de algún modo del devenir de la existencia, de decidir”. Lugar que el joven habita precariamente apropiado en sus representaciones simbólicas de territorios, actores e instituciones locales con un atisbo de sentimiento de pertenecía a un “nosotros” comunitairo.

“la”, la música

“A veces te dicen que vas a la bailanta y ya pasás a ser

Un negrito cualquiera. Esto es un boliche igual a los otros.

Es u bailable…” Alcides

“Nosotros somos tristes desocupados

que usamos la música

como medio para trasmitir nuestras ideas” Líder de una ex banda

Jorge Elbaum plantea que ”para una gran parte de los jóvenes urbanos ir a bailar un sábado a la noche es el programa más usual. Pero no todos concurren a los mismos lugares ni entienden la diversión nocturna de la misma forma. Las distintas alternativas sugieren prácticas específicas e incluyen a quienes las desarrollan en “mundos nocturnos” -y otros no sólo nocturnos- diferentes y, en cierta manera, opuestos”.

Aquí consideraré dos formas de expresión musical que, considero caracterizan el ser joven en el conurbano: la bailanta y el rock chabón.

La bailanta es un fenómeno social que excede lo que sucede en los locales bailables que llevan ese nombre y se vincula con otras prácticas sociales tales como emblemas -frente a los “iguales”- o estigmas -frente “a los otros”-, como etiquetas y como distintivos que dan sentido a las acciones y alas elecciones. Sentido que guía y organiza las relaciones sociales –las formas de comunicarse dentro de la bailanta, por ejemplo- tendiendo a reproducirlas o a re-crearlas.

La bailanta permite apreciar cómo, en un ámbito donde se concentran los sectores populares, pueden ponerse en juego simultáneamente actos simbólicos tanto como un género de diversión nocturna con el cual sus consumidores se identifican, al ser uno de los pocos espacios posibles de diversión y recreación de sectores sociales a quienes se excluye de otras prácticas; como, una práctica que “encasilla” a los concurrentes, que los hace presa de una etiqueta social que los cataloga por sus elecciones vulgares y que, al hacerlo, los condena al “mal gusto”. Éstos a su vez suelen hacerse cargo de estas clasificaciones, asumiéndolas como naturales, y por lo

Por su parte, el rock chabón “(…) toma como epicentro de sus sentimientos y su ethos el barrio, la patria pequeña de la infancia y la juventud, y su paisaje transformado por la pobreza, la desocupación, la delincuencia, el tráfico de drogas, ‘las novedades de la década del 90’. El rock chabón produjo un rock que se identificaba con la nación y llegó a plantear una sanción moral al que deja la patria aún cuando lo aqueja el apremio económico”. Actualmente es casi una forma de sintetizar una identidad local, particular, barrial..

Ser joven en el ámbito de la música es, entonces, instalarse, por medio de la bailanta en la fiesta urbana de quienes asumen las estructuras sociales en las que ocupan lugar subordinado y ante las cuales arriesgan, a veces, una tímida rebeldía, y es al mismo tiempo los “Rolling Stones del barrio de cada uno”

“si”... la política

“En nuestro país no existe libertad de expresión

para decir lo que quieras y que después no te den bola,

no hay democracia ahora” Grupo de jóvenes de Barracas

“Ollas vacías golpeando voy/ se la llevaron al exterior./

Estos hijos de puta/ ya la van a pagar./

Panzas vacías los niños hoy,/ y en el Congreso transás nomás./

En medio de la plaza los vamos a quemar,/

En medio de la plaza los vamos a quemar./

Hablás de moralidad, salís en televisión./

Políticos hijos de puta,/ la puta que los parió/

políticos hijos de puta,/ la puta que los parió/

la puta que te parió./ Sentimiento del pueblo!

Meta Gaucha

Andrés Kozel se pregunta ¿cuáles son las creencias que los jóvenes de distintos sectores sociales tienen sobre la política y lo público? Y establece que si bien hay ciertas diferencias según los sectores socioculturales son muchas también las creencias políticas de los jóvenes.

Las percepciones colectivas de los jóvenes en relación con lo público y la política debe colocarse en el marco de un clima general de ideas que parece regido por el escepticismo y el desinterés. En el presente contexto, el origen social parece operar como una onda modulante de ese escepticismo y desinterés generales, proponiendo variantes del clima general en cada caso.

Ser joven en el ámbito de la participación política es, entonces, instalarse en el escepticismo, en el desinterés, en la falta de proyectos, de ideales, de utopías, en el desánimo. Habitar lo público es hacerlo sin atisbos de esperanza de que ese contexto deje de ser desapacible y aparezca más agradable. Aquí éstos jóvenes se “igualan” con otros jóvenes de distinta filiación social.

Acordes finales

“La revolución cultural de fines del siglo debe, pues, entenderse como el triunfo del individuo sobre la sociedad o, mejor, como la ruptura de los hilos que hasta entonces habían imbricado a los individuos en el tejido social. Y es que ese tejido no sólo estaba compuesto por las relaciones reales. Entre los seres humanos y sus y sus formas de organización, sino también por los modelos generales de esas relaciones y por las pautas de conducta que era de prever que siguiesen en su trato mutuo los individuos, cuyos papeles estaban predeterminados, aunque no siempre escritos. De ahí la inseguridad traumática que se producía en cuanto las antiguas normas de conducta se abolían o perdían su razón de ser, o la incomprensión entre quienes sentían esa desaparición y quienes eran demasiado jóvenes para haber conocido otra cosa que una sociedad sin reglas”.

La precariedad, baja intensidad, el tener un lugar donde “hacer algo”, la fiesta urbana, escepticismo, desesperanza, desinterés son algunas de las formas que asume el ser joven en el conurbano hoy.
“Las formas de producción de la subjetividad,” y por lo tanto del ser joven, “no son universales ni atemporales, sino que se inscriben en condiciones sociales y culturales específicas” tal como lo plantean Duschatzky y Corea

Quiero finalizar este ensayo con estos conceptos de Dalia Szlik y Silvia Kausñosky, quienes consideran que “la “juventud” en tanto objeto de estudio puede ser abordada desde distintos ángulos, –aquí sólo he considerado algunos- cada uno de los cuales mostrará y enfatizará diferentes aspectos. Estos diversos enfoques y perspectivas vinculados con el mundo juvenil contribuyen, a partir de sus interpretaciones y esquemas clasificatorios, a conformar una trama de significaciones en la que se va tejiendo la identidad social de este grupo: operando tanto sobre la mirada que los jóvenes tienen de sí mismos como sobre la visión que otros sectores de la sociedad tienen respecto de ellos”

Estas visiones son siempre cambiantes, fluctuantes, parciales, lo que hace que esta descripción quede abierta, y la sinfonía “inconclusa”.

BIBLIOGRAFÍA

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SERMÁN, Pablo, “Vida, apogeo y tormentos del rock chabón” en Revista Confines, Nº 17, Bs. As., 2005.

SZLIK, Dalia y KUASÑOSKY, Silvia “Jóvenes en la mira” en La juventud es más que una palabra, comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos, 1996.

MARGULIS, Mario, La juventud es mas que una palabra, Buenos Aires, Biblos, 1996, (pp 14), pie de página 2.

Ob. Cit., (pp 14)

El análisis sincrónico se ubica en las coordenadas temporo-espaciales el conurbano bonaerense contemporáneo ya que es ahí donde me desempeño como Profesora en la formación docente de grado y es la jurisdicción donde se desempeñarán los Profesores egresados.

Éstas sólo serán enunciadas sin hacer un desarrollo conceptual ya que justamente son las que se ponen en tensión en este trabajo, Cfr. MARGULIS, M. Ob. cit..

RODRÍGUEZ, Esteban, El estado de malestar y la administración de la muerte en el neoliberalismo, 1º parte, Bs. As., UNQ, 2007.

RODRÍGUEZ, Ob. cit., 2º parte, (pp 3)

RODRÍGUEZ, Ob. cit., 3º parte, (pp 4)

DUSCHATZKY, Silvia y COREA, Cristina; Chicos en banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones, Bs. As., Paidós, 2004, (pp17).

Esta pregunta coincide con el objetivo del trabajo: Describir sincrónicamente la categoría juventud y los sentidos que asume para los sujetos involucrados.

REGUILLO CRUZ, Rossana; Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto. Bogotá, Norma, 2000, (pp 49)

REGUILLO CRUZ, Ob. cit., (pp 51)

MARGULIS, Ob. cit., (pp 19)

MARGULIS, Ob. cit., (pp 29)

HOBSBAWM, Eric, “La revolución cultural” en Historia del sigo XX, Barcelona, Crítica, 1999, (pp 331)

KESSLER, Gabriel; Sociología del delito amateur. Bs. As., Paidós, 2004, (pp 29)

KESSLER, Ob. cit., (pp 30)

Ídem, (pp. 30)

Ídem, (pp 33)

“Apriete”: solicitar dinero en la calle con una velada amenaza de violencia.

“Peaje”: bloqueo de una vía de pasaje obligado en un barrio para exigir dinero a las transeúntes a cambio de dejarlos pasar.

Ídem, (pp 34)

Ídem, (pp 41)

Ídem, (pp 45-46)

Ídem, (pp184)

Ídem, (pp. 188)

DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit., (pp 20-21)

KESSLER, Ob. cit., (pp. 183-184)

KESSLER, Ob. cit., (pp. 187)

KESSLER, Ob. cit., (pp. 193-198)

KESSLER, Ob. cit., (pp 194)

KESSLER, Ob. cit., (pp 226)

Cfr. KESSLER, Ob. cit..

Ritos como aquellas prácticas regladas cargadas de densidad simbólica que habilitan un pasaje, que han sido considerado históricamente como núcleos d inscripción de la subjetividad, DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit, (pp 33. Ss)

Creencias que configuran otro lugar de alta condensación simbólica que constituyen otro modo de habitar la cotidianidad, DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit.,(pp 40, ss)

“Chohreo” : robo, es una práctica impulsada por la demanda o búsqueda vinculada a la conquista de un lugar en el grupo y de un sistema referencial que organice de algún modo el caos de la experiencia: adónde pertenezco, en qué sistema de “valoraciones me incluyo, cuáles son las ventajas de pertenecer a un grupo, etc., DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit (pp.44, ss)

El consumo es algo más que una adicción, es el “lugar” donde las emociones se desbordan (agresión, dolor, angustia, rabia, impotencia) y al mismo tiempo se despiertan (coraje, control del miedo). El consumo es una práctica que se enlaza en una cadena de experiencias, Duschatzky y Corea, Op. Cit., p. 49-50.

La fraternidad (entre hermanos o amigos) se configura como posibilidad emergente frente a la ineficacia simbólica del modelo tradicional, DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit (pp 55, ss)

DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit., (pp. 45)

KESSLER, Ob. cit. (pp 245)

ELBAUM, Jorge; “Los bailanteros. La fiesta urbana de la cultura popular” en La cultura de la noche. La vida nocturna de los jóvenes en Bs. As. Comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos, 2005, (pp 193)

SERMÁN, Pablo, “Vida, apogeo y tormentos del rock chabón” en Revista Confines, Nº 17, Bs. As., 2005, (pp.181)

ELBAUM, Ob. cit., (pp. 181)

“Bailanta” o “música tropical” musicalmente consiste en la versión blanca, argentinizada y con una historia de cutánea años –jalonada por los Wawancó y otros precursores-, de ritmos de raíz afroamericanos, como la cumbia, el merengue o el propio wawancó. Actualmente la pasividad que ésta ha alcanzado, extendiéndose más allá de los espacios geográfico-sociales en la que había nacido para llegar a otros ámbitos como las llamadas “discotecas” (anteriormente reacias a esta música), aunque valoradas con códigos muy diferentes, DI LEO, Pablo, “El culto a Gilda: religiosidad, arte e instituciones populares”, en Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, Coord. DRI, Rubén, Bs. As., Biblos, 2005, (pp 128-129)

El rock chabón tiene un significado social , si bien es una categoría problemática ya que las fronteras entre los estratos sociales son porosas. Aquí, siguiendo a Pablo Sermán, limitamos el alcance de lo popular del rock chabón a los jóvenes pobladores del Gran Bs. As., de sus barrios más pobres, hijos de trabajadores manuales y desempleados. SERMÁN, Ob. cit., (pp 177-178)

ELBAUM, Ob. cit., (pp 182)

SERMÁN, Ob. cit., (pp 180-182)

Ïdem.

Ídem.

Kozel, Andrés, realizó una investigación con jóvenes escogidos como parte de grupos motivacionales de colegios secundarios ubicados en barrios de la Capital Federal entre ellos Barracas (sector medio bajo), Caballito (sector medio) y Belgrano (sector medio alto) y sus inferencias pueden bien ser extendidas al grupo de jóvenes del conurbano bonaerense. KOZEL, Andrés, “Los jóvenes y la política”. Modulaciones de un escepticismo genera”. en La juventud es más que una palabra, comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos, 1996.

MÍGUEZ, Daniel, “Estilos musicales y estamentos sociales. Cumbia, villa y trasgresión en la periferia” en Entre santos, cumbias y piquetes. Las culturas populares en la Argentina reciente. Comp. Por SEMÁN, Pablo y MÍGUEZ, Daniel, Bs. As., Biblos, 2006, (pp 49)

Cfr., KOZEL, Ob. cit..

HOBSBAWM, Ob. cit., (pp 336)

DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit., (pp 21)

SZLIK, Dalia y KUASÑOSKY, Silvia “Jóvenes en la mira” en La juventud es más que una palabra, comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos, 1996.



[1] * Maestra Normal Superior, Asistente Educacional, Profesora Especializada en Educación Especial, Profesora y Licenciada en Ciencias de la Educación, Licenciada en Psicopedagogía, Especialista en Metodología de la Investigación Científica, Magíster en Metodología de la Investigación Científica (tesis: “Diversidad socio-cultural: exigencia de los nuevos escenarios sociales e institucionales, desafío para la formación docente de grado. Estudio de caso en el I.S.F.D. Nº 41 del partido de Almirante Brown”).