viernes, 7 de marzo de 2008

Adolescencia y dinámicas subjetivas.

La adolescencia no es solamente esa «edad de la vida» que va de la salida del estado de infancia a la entrada en el estado adulto; puede ser descripta como un período de segundo nacimiento de la personalidad (luego de la «crisis» de los tres años y el período edípico que precede al período de latencia), donde vuelven a intervenir y a avivarse las ambivalencias y contradicciones de las construcciones identificatorias anteriores.

La etapa de la adolescencia es un tiempo de experimentación y de elaboración de sí mismo, donde el sujeto se encuentra confrontado con la cuestión de la realización de su devenir adulto, con la necesidad de hacer sus pruebas y de crear las condiciones de su independencia futura negociando con los posibles e imposibles que ofrecen a ese devenir las contradicciones de una formación social y de una historia individual.

La adolescencia es también un período de profunda transformación de la relación con el tiempo, de las relaciones entre lo real y lo ideal. Si durante la niñez la realización de este ideal, del modelo narcisista que el niño se ha forjado de sí mismo, puede ser postergado a un futuro indefinidamente lejano, la adolescencia, dado que es el comienzo del devenir adulto y que está así socialmente acompasada, impone a cada uno enfrentarse con las condiciones de realización de este futuro y de este modelo ideal y lo obliga a modificarlo. De modo que la confrontación entre realidad e ideal siempre obliga al adolescente a un difícil trabajo de reelaboración narcisista. Este pasa por un proceso de desidealización de las imágenes parentales y de las valerosas figuras adultas forjadas durante la infancia, imágenes e ideales que son a la vez exteriores al sujeto y constitutivos de una parte de sí mismo, de su proyecto identificatorio. Pasar a ser autónomo y acceder al estado de adulto, confronta al adolescente a la necesidad de emanciparse de referencias y figuras adultas que se han convertido en constitutivas de él mismo.

Sometido a la exigencia del cambio (aunque sólo sea de las transformaciones corporales ineludibles), el «drama» del adolescente se teje entre sus aspiraciones a devenir otro, en el cual pueda «sentirse real» y «no instalarse en un rol asignado por el adulto» (Winnicott, 1962) y la angustia de no poder sobrevivir a esos cambios.

Jean-Yves Rochex. Universidad Paris VIII Saint-Denis, Francia.

Texto completo en http://www.me.gov.ar/curriform/publica/francia/10rochex.pdf