martes, 29 de enero de 2008

Creatividad en la educación: educación para transformar

Educar en la creatividad


Educar en la creatividad es educar para el cambio y formar personas ricas en originalidad, flexibilidad, visión futura, iniciativa, confianza; personas amantes de los riesgos y listas para afrontar lo obstáculos y problemas que se les van presentado en su vida escolar y cotidiana. Además, educar en la creatividad es ofrecer herramientas para la innovación.


La creatividad se puede desarrollar por medio del proceso educativo, favoreciendo potencialidades y consiguiendo una mejor utilización de los recursos individuales y grupales dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Siguiendo con estas ideas, no pudiéramos hablar de una educación creativa sin mencionar la importancia de una atmósfera creativa que propicie el pensar reflexivo y creativo en el salón de clase.


La concepción acerca de una educación creativa parte del planteamiento de que la creatividad está ligada a todos los ámbitos de la actividad humana y es el producto de un devenir histórico social determinado. Siguiendo con esta manera de pensar tendríamos que partir de un concepto de creatividad acorde con los planteamientos anteriores, que bien podría ser el siguiente:


Creatividad es el potencial humano integrado por componentes cognoscitivos, afectivos, intelectuales y volitivos, que a través de una atmósfera creativa se pone de manifiesto para generar productos novedosos y de gran valor social y comunicarlos, transcendiendo en determinados momentos el contexto histórico social en el que se vive. Este concepto integracionista plantea una interrelación dialéctica de las dimensiones básicas con que frecuentemente se ha definido la creatividad de manera unilateral: persona, proceso, producto y medio.


Por otro lado, este educar en la creatividad implica el amor por el cambio. Es necesario propiciar, por medio de una atmósfera de libertad psicológica y un profundo humanismo que se manifieste la creatividad de los alumnos, al menos el sentido de ser capaces de enfrentarse con lo nuevo y darle respuesta. Además hay que enseñar a no temer el cambio, sino que más bien, el cambio puede provocar gusto y disfrute.


Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que una educación creativa es una educación para el desarrollo y la auto-realización. En ésta no solamente resulta valioso el aprendizaje de nuevas habilidades y estrategias de trabajo, sino también el des-aprendizaje de una serie de actitudes que en determinados momentos nos llenan de candados psicológicos para ser creativos o para permitir que otros lo sean.
Julian Betancourt Morejon
Director del Centro de Estudios e Investigaciones de Creatividad Aplicada
Guadalajara, Jalisco - México
Texto completo en : http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-183-1-creatividad-en-la-educacion-educacion-para-transformar.html

1 comentario:

Gabriela dijo...

Coincido con el autor.
Esto me recuerda a un aporte del psicólogo estadounidense Robert Sternberg, quien construye la teoría triárquica de la inteligencia, para explicar que ésta puede ser estudiada desde tres aspectos: creativo, analítico y práctico. En una entrevista que le hicieron hace unos años en la Revista Viva, él respondía:
"Uno necesita creatividad para pensar y desarrollar ideas, capacidad analítica para saber si estas ideas son buenas, y capacidad práctica para hacer que estas ideas funcionen, y también para convencer a otros de su valor."
Sternberg advierte que en las escuelas de su país suele sobrevalorarse la inteligencia analítica. Entiendo que el nuestro no está tan alejado de esa situación.
Ayudar a nuestros alumnos al desarrollo de habilidades creativas y prácticas es un desafío que plantea la necesidad de una nueva forma de pensar las clases.